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Por La Mexicana Lo que recuerdo de las navidades que pase en mi tierra, con mi gente y que de recordar me llenan de nostalgia, eran la llegada de estas fechas, las esperaba con tanta ilusión no por los regalos, porque en mi familia no nos acostumbraron a recibir regalos, lo que recibíamos era otra cosa que ahora reconozco que valía más la pena que lo material que podría haber recibido. Era lo espiritual. Todo comenzaba a principios de Diciembre poníamos el árbol en nuestras casas, el nacimiento enorme en casa de mi abuelita, lo arreglábamos con tanta ilusión. Después el 12 de diciembre con el festejo de la virgen de Guadalupe, la cual adornábamos su altar poníamos flores y encendíamos una veladora, para festejar el día de su aparición.
En vísperas al 24 comenzaban las posadas que hacían los vecinos y los acompañábamos, ya el día 24 en casa de mi abuelita acostábamos al niño dios, pedíamos posada, cantábamos, rompíamos las piñatas y después cenábamos con toda la familia, tíos, abuelos, primos, etc. Después venía el baile que entre todos armábamos. Pero lo que más rescato es que todo era alegría, amor, pero lo que considero importante en estas fechas es lo espiritual y a parte sentir ese clima de calidez, que brinda el estar rodeado de toda la familia, sentir el frio de diciembre, es algo que recuerdo y me llena de paz, será porque lo viví tanto y lo disfrutaba tanto que nunca voy a poder olvidar. Después el 25 juntarse de nuevo a comer el recalentado que había sobrado, de la pata de cerdo al horno, los tamales, el ponche, los buñuelos, etc. Y darse otro atracón de comida. Para el 31 de nuevo nos reuníamos en casa de mis abuelitos a despedir el año, ahí sacábamos a pasear al “viejo” que es un muñeco de paja que armamos y lo vestimos, entonces mis tíos lo paseaban y nos moríamos de risa y antes de las 12 lo quemábamos, era señal del año que se iba, y ya justo a las 12 comíamos las uvas y pedíamos los deseos del año que entraba, después las fiesta seguía con las piñatas, esas no pueden faltar. Así viví estas fechas, durante mi infancia con mi familia. Después las cosas cambian adopte nuevas costumbres, pero en mi memoria y corazón quedaron gravados estos festejos que jamás se borran, pero solo hace falta cerrar los ojos y las vuelvo a vivir. |