| Cubrebocas. Mis ojos, tus ojos. |
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A mis hermanos mexicanos: Me dejan esas cosas que circulan por ahí, una sensación de enorme tristeza, e impotencia, como si fuéramos y somos animales en estudio, todos vamos, corremos, nos arrastramos hacia el mismo lugar, mientras estamos indefensos, en las manos de quien por nuestra propia responsabilidad y la de otros pueblos, colocamos al frente de nuestras sociedades. Y en esas manos, nos guste o no, debemos confiar, y el hombre, ante estas circunstancias, es como un bebé inocente en los brazos de su madre o de quien lo cuide. Pero en este caso, ni son nuestras madres, ni nanas, ni parientes (al menos de la inmensa mayoría). Y cabe pensar en manos de quién estamos, hay que obedecer, hacer caso, seguir los lineamientos, sin estar muy seguros a dónde nos lleva ésto. Las dudas, son muchas, la desesperanza nos hermana. Nos hacen respirar además de un virus, la irresponsabilidad de los que dirigen nuestros países, y no todos serán iguales, pero estar en el poder, sentirlo, disfrutarlo, los iguala, no importa en la mayoría de los casos, cuáles eran las intenciones "hay que estar ahí para SABER de qué se trata". Nos cabe el derecho de exigir? de patalear hasta que nos escuchen? de hacer pagar las cuentas al final de todo? SI, SI Y MIL VECES SI. Porque si bien los hombres no pedimos venir a este mundo, sí somos responsables de quien nos dirije, y como es esa titánica película de Peter Jackson "El señor de los anillos", el ojo de Sauron todo lo ve y vigila, debemos ser el ojo avisor, y sin sacar el dedo del renglón, seguir muy atentos todo lo que sucede, no con ánimo de venganza, sino atentos, para el reclamo y poner al final de cuentas cada cosa en su lugar. Aunque nos toque también a través de este duro aprendizaje, respetar de una vez y para siempre, el medio en que vivimos y a nuestros hermanos. Que sean enormes nuestros ojos, para mirarlo todo, que esos ojos que por ahora es lo único que se ve, sean el medio de vigilar, la boca que llega hasta el aullido y el olfato sigiloso, buscando protección, ante tanto desamparo. Que los cubrebocas, barbijos, tapabocas, no sean más que el medio para cuidarnos y proteger al otro, pero así como hemos visto algunos pintados, con rostros, hasta con sonrisas,no nos preocupe esta igualdad que nos reúne porque de nosotros depende que en cada uno de esos cubrebocas, permanezca el rostro que nos identifica. Con la mirada basta. Y debe bastar. Al menos por ahora. Por Dora Herrera Escafeda |
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