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Cuando pensamos en la celebración del 15 y 16 de septiembre automáticamente la relacionamos con los charros, los cuetes, el pozole, las tostadas, la pancita, el menudo, el tequila, el mezcal y el grito en el Zócalo clamando por los héroes nacionales. Poco reflexionamos sobre el origen de la celebración en sí y sobre todo de un elemento que es fundamental y esta presente en esta celebración que año con año engalana el centro de la ciudad, me refiero al traje típico de China Poblana.
A lo largo de los años la china poblana llegó a ser un personaje del cotidiano mexicano. En la actualidad las mujeres sienten orgullo y un gran amor por la patria y lo nuestro al portar orgullosamente su blusa blanca con bordados en las manos, su faldón con puntas blancas adornado con chaquiras formando ya sea un águila símbolo del escudo nacional, nopales o la bandera, el típico rebozo y su sombrero de charro. Lo portan al entonar la música mexicana o se engalanan con él en algunos de los bailes mexicanos.
La china poblana representa más que un traje típico, es un personaje lleno de historia y riqueza cultural que a lo largo de los siglos se ha transformado en sus componentes y en su significado.
Hacia el siglo XIX a las mujeres, indias y mestizas principalmente, que portaban la indumentaria de china poblana solían ser parte del sector social bajo y se evidenciaban por su atuendo. Su vestimenta estaba compuesta por una blusa, por lo general blanca y bordada en las orillas, un rebozo o una mascada que no cubría por completo el escote ni los brazos, la falda era de castor, una tela que semejaba el pelo de ese animal, con o sin bordados de chaquira o hilos de seda y había otra enagua por debajo que asomaba los picos, usaba una faja que le ceñía la cintura, el calzado que portaba eran zapatos de raso bordados con hilos de seda[1]. Estas mujeres acostumbraban trabajar a la vista de todos ya fuera en el servicio doméstico o con un negocio propio vendiendo comida, frutas, dulces o aguas frescas. Fueron mujeres independientes, de las pocas en su tiempo, que se atrevieron a salir a la calle a ganar el sustento para los hijos. Por esta razón, a diferencia de las mujeres de estrato social mas alto, a las chinas se les puede identificar en muchas de las pinturas de la época siempre retratadas en las calles. En esta época en la que se buscaba conservar ante todo las buenas costumbres, las chinas eran descalificadas y mal vistas pues se les relacionaba con las mujeres de mala reputación o de servicio doméstico gracias a que siempre se les veía en la calle en donde eran contempladas sobre todo por los varones con un interés especial. Pero esto no quiere decir que ellas en realidad fueran mujeres de mala reputación, esta fama la fueron adquiriendo porque rompían con el patrón propio de la sociedad del siglo diecinueve que buscaba un comportamiento correcto públicamente aunque en la intimidad fuera lo contrario.
Con la llegada de la independencia llegaron a México muchos extranjeros que admiraron el traje típico de las chinas, sin parecerles vulgar por el contrario lo encontraban interesante y particular como nos cuenta Madame Calderón de la Barca en su libro La vida en México durante una residencia de dos años en ese país. Relata Madame Calderón hacia el año de 1839 que al pasar por la ciudad de Puebla, la señora vio el traje de las "campesinas poblanas" y le fascinó para portarlo en un baile de disfraces que se organizaba en su honor por estar recién llegada a México. Muchos le aplaudieron su decisión de usar el traje de china, pero terminaron por no dejarla portarlo por asegurarle que las que vestían de poblanas eran, por lo general, femmes de rien, que no llevan medias, y aunque ella les mostró los atavíos que pensaba usar mostrándoles su largo y su decencia todo fue en vano. Este relato nos da la idea que los extranjeros tenían del traje típico al verlo propio del país y nada vulgar a como los contemporáneos mexicanos lo veía.
Hoy en día la imagen que se tiene sobre la china poblana es muy diferente a la del siglo XIX, esta ha cambiado con el transcurso de los años y se a adaptado al contexto social de la época perdiendo su connotación negativa y adquiriendo un valor cultural propio.
Conforme fue transcurriendo el tiempo la figura de la china poblana fue obtuvieron notoriedad y se les fue identificando como una figura representativa nacional. Paso mucho tiempo para que le gente de su tiempo la viera como un personaje de admiración y originalidad, pero es evidente que poco a poco se fue ganando un lugar dentro de la sociedad convirtiéndose en el estereotipo de la mujer mexicana. Por Gabriela Espinoza Vázquez |