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La Zona Rosa fue bautizada así en 1967 y, para 1973, cuando fue tomada esta imagen, era ya un punto de encuentro de artistas, intelectuales, galeristas, libreros y bohemios en general.
Expulsar a los autos, traer góndolas, dejar el espacio necesario para los paseantes o crear puentes que unan las banquetas, son algunos de los proyectos que autoridades locales y federales analizan impulsar, para revitalizar la Zona Rosa, sitio emblemático de la colonia Juárez y de la capital, que ha sido descuidado con el paso de los años.
“La gente quiere rescatar la Zona Rosa. La queremos convertir en una zona dorada”, aseguró Alejandro Rojas, titular de la Secretaría de Turismo capitalina, dependencia que, junto con el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), busca desempolvar el proyecto de revitalización, uno de tantos que quedó sepultado por la crisis económica.
Estructuralmente, al igual que Garibaldi, ese punto de la capital tiene un prestigio acumulado por años y es reconocido en el mundo por su bagaje cultural, artístico y bohemio, buena parte del cual, ciertamente, se ha perdido.
“Aquí había extraordinarias galerías y restaurantes, había una vida cultural muy intensa. Había academias de arte, pintura y danza, además de grandes espectáculos de alta calidad. Todo esto se fue”, comentó el secretario.
De acuerdo con el funcionario capitalino, también gestionarán ante la Cámara de Diputados recursos etiquetados para la Zona Rosa. Actualmente, Fonatur elabora un diagnóstico para definir el proyecto más viable.
“No es la Zona Rosa que queremos, está deteriorada y ya no funciona como destino turístico, y eso tampoco le conviene a la ciudad, la hemos ido devaluando. Hay que tomar varias decisiones radicales, profundas para cambiarle el rostro de este lugar.
“Hay varias posibilidades, va a depender del interés que tenga Fonatur en la Zona Rosa, porque si le ve posibilidades va a generar una dinámica distinta. Se revisará de acuerdo con el dinero que se tenga por parte de los gobiernos federal y local”, precisó Rojas en entrevista.
Entre las propuestas están la construcción de canales acuáticos, una especie de Venecia a la mexicana; la peatonalización de calles, para facilitar el tránsito de los turistas, y eliminar autos por la zona y la presencia de puentes.
“No nos cerramos a una alternativa, desde peatonalizarla, que haya canales, puentecitos, la idea es que la Zona Rosa vuelva a ser un imán de la cultura, el arte, la gastronomía y modificar muchos giros y al mismo tiempo extirpar otros.
El funcionario local aseguró que no vale la pena darle sólo “una manita de gato” a ese sitio, ya que con eso no se logrará extirpar todos los males que le aquejan (prostitución, inseguridad, giros negros, comercio ambulante y falta de estacionamientos).
“La degradación, evidentemente, no se soluciona cambiando fachadas y banquetas ni podando árboles. Necesitamos un cambio estructural a fondo, drástico, y eso requiere recursos y decisiones de gobierno, hemos planteado cosas radicales”, opinó el titular de turismo en el DF.
Según información de la Secretaría de Turismo, los únicos trabajos que se realizarán próximamente sólo incluyen obras menores en diez fuentes secas, pues el agua se escurre y se deberán colocar canalillos.
En eso se invertirán 400 mil pesos, que son parte de los 120 millones de pesos que recibió la dependencia en este año para la rehabilitación de Garibaldi (90 millones) y el rescate de la Plaza de la República (25 millones para la remodelación de la cúpula, el mirador y elevador del Monumento a la Revolución).
La dependencia aclaró que no se compromete a iniciar de inmediato la remodelación del lugar hasta no saber la magnitud del proyecto, del cual tendrán información en dos meses por parte de Fonatur.
Grandes anuncios, pocos resultados
A mediados del año pasado, el Gobierno del DF anunció el proyecto de construir una serie de canales artificiales, de 50 centímetros de profundidad, en las calles Amberes, Génova, Liverpool, Reforma y una parte de avenida Chapultepec. La iniciativa incluiría la participación de los inversionistas privados.
Todo quedó en anuncio. Las autoridades no volvieron a tocar el tema, no así los empresarios del lugar, quienes inmediatamente se manifestaron en contra de la propuesta, a sabiendas de que los trabajos de remodelación que se hacían en ese entonces se prolongaron más de lo esperado.
Las acciones encaminadas a mejorar ese espacio, situado en la delegación Cuauhtémoc, han sido superficiales. Durante la administración de Virginia Jaramillo (2003 - 2006) se comenzó la remodelación de varias calles. En la siguiente, con José Luis Muñoz Soria (2006 -2009) siguió la renovación de Génova y el retiro de terrazas de la vía pública, así como de jardineras, esculturas y estatuas de bronce, todo pagado por locatarios de la Zona Rosa (Agrupación de Comerciantes de la Zona Rosa, Acozoro).
Hace tres años, durante la gestión de Alejandra Barrales en la Secretaría de Turismo del DF, se realizaron trabajos de mejoramiento en infraestructura hidráulica, eléctrica y de telecomunicaciones, con la idea de duplicar el número de hoteles y restaurantes.
En ese entonces se contabilizaron 33 hoteles y 113 restaurantes. El resultado tampoco fue el esperado, pues la Zona Rosa continuó con las mismas problemáticas.
En una segunda etapa del proyecto se contempló la recuperación de la vía pública, en poder del comercio ambulante, para así propiciar la inversión privada y ofrecer a los vendedores empleos en el sector turístico.
Todos caben
En 1967 una parte de la colonia Juárez fue nombrada la Zona Rosa y se caracterizó por la presencia bohemia, el culto a la juventud y la presencia de elegantes recintos, ubicados en calles con nombres que transportaban a Europa.
Se le nombró así debido a que muchos edificios del lugar estaban pintados de rosa. Otra de las explicaciones es que se quiso contrastar con el término “zona roja”, para darle una connotación positiva, mientras que unos más cuentan que fue nombrada así por ser roja de noche y blanca durante el día.
Primero se volvió un lugar residencial donde habitaron aristócratas que buscaban el confort de la época colonial. La Zona Rosa evolucionó con las décadas.
En los años 60 proliferaron librerías y galerías, con la presencia de artistas e intelectuales, como José Luis Cuevas, Guadalupe Amor y Manuel Felguérez.
Poco a poco el turismo extranjero y nacional se vio atraído por este espacio cosmopolita, cuyos hoteles, restaurantes, tiendas de antigüedades y centros nocturnos, prologaban la fiesta después de medianoche.
La transformación se dio años después con boutiques, restaurantes, sex shops, comida rápida, terrazas, bares y discotecas, muchos para el mercado gay, lo cual la volvió “zona de tolerancia”.
Amberes aloja el mayor número de negocios declarados gay, pero no por eso es como la Chueca de Madrid o El Castro, en San Francisco.
Aquí acuden todos los grupos sociales sin importar su preferencia sexual; extranjeros, juniors, empresarios, estudiantes e integrantes de las diferentes tribus urbanas, entre otros. Fuente: Grupo Imagen |