 Estadísticamente hablando, México se encuentra entre los países de menor índice de lectura. Realidad difícil de enfrentar, que resiste años, políticas y esfuerzos; de solución, cual enigma, tan simple: leer, y tan compleja a la vez. ¿Por qué no leemos? Explorar sus causas, desentrañar sus raíces, implica un proceso de análisis complejo; de reconocer la problemática educativa en toda su dimensión, con altos índices de deserción y analfabetismo; con una sociedad compleja, diversa y, en ocasiones, ignorante o excluyente de su realidad autóctona; de los tropiezos económicos y políticos; de los que tienen otras prioridades, comer, por ejemplo; de la propia historia. Atrapar a nuevos lectores, reconquistar a quienes prefieren las imágenes, significa romper con viejos esquemas, redefinir el clásico binomio cantidad/calidad. Hartos de escuchar: “los mexicanos leen poco y de mala calidad”; cambiemos las voces, anunciemos nuevos retos, revivamos el placer primario por la lectura. Un mexicano que lee, pertenece a ese pequeño sector privilegiado. Para muchos, los libros de texto gratuito, distribuidos en el nivel primario, junto a uno que otro libro de bolsillo, tipo “vaqueros”, fueron o serán los únicos en su vida. Lejos de todo debate sobre calidad, enfoque y misterios ocultos, que suelen adjudicársele a este tipo de lecturas, la simple invitación para rascar más allá del cuero cabelludo, para embriagarse de eso que llamamos español lecturas: mezcla perfecta de tinta, papel y pegamento. En la década de los setenta, en una cuidad de pocos pobladores, asistir al Jardín de niños no era nada común, al menos eso pensaban algunos padres. Llegar a la primaria, para muchos, marcaba el inicio a la lectura.
En esos años, una nueva reforma educativa empezaba a implementarse, lejos quedaban los libros de Torres Quintero y los textos gratuitos que tenían la imagen de una mujer sujetando la bandera mexicana. Los nuevos libros, decían, tenían más colorido, nuevas historias, “más bonitos”. De los mencionados libros, el denominado “Español lecturas”, fue uno de los más significativos. Una de las primeras lecturas, el país del pan, esperando que la memoria acompañe, expresaba claramente la invitación a pensar: un bolillo hecho de maíz y miel. En el país del pan conocí al bolillo, /también al mazapán de color amarillo. /El rey de este país hizo este rico pan, /con un poco de maíz y la miel de un panal. Poemas tan cortos, tan precisos, casi un haiku, condensando una buena parte de nuestra historia. Sujetos a la repetición, atraídos irremediablemente, quién lo sabe, repasamos las mismas frases, los mismos versos, las mismas fábulas. Asistimos a la sorpresa de encontrar canciones o trabalenguas conocidos, pregonados en el barrio o en la bulliciosa casa, justo a la hora (sin horario) de recreo. Estaban los fáciles: Pepe Pecas pica papas /con un pico, con un pico, /pica papas Pepe Pecas, o las de examen El volcán del parangaricutirimícuaro se quiere desparangaricutirimicuarizar, /el desparangaricutirimicuarizador que lo desparanguaricutirimicuarizare, /buen desparanguaricutimirizador será. Los apagones de luz, dolor de cabeza y desesperación para nuestra sociedad actual, sujeta a las nuevas tecnologías, se soportaban bajo la luz de un quinqué (o aparato, dicen en Colima), sombras chinescas y buenas historias para contar. Por supuesto que una buena herramienta podría ser los chistes coloridos, pero cualquier niño podría preguntar: ¿Qué tiene el rey en la panza?; complicar sus acertijos: Agua pasó por aquí /mate le dio la razón /el que no me lo adivine /es un burro cabezón; despertar el pensamiento lógico: Estos eran cuatro gatos /cada gato en su rincón /cada gato ve tres gatos /adivina cuántos son; o simplemente desconcertar a su auditorio: En casa de chi /mataron a ri /vino mo /y dijo ya. De las fábulas, podemos rescatar las que involucraban animales: zorros, cuervos, garzas, burros, hormigas, tortugas; que enseñaban virtudes y defectos: libertad, holgazanería. De esas historias nos quedan las moralejas, buenas o malas, según como se miren: Dos mulas iban por un camino. Las dos iban cargadas con unos sacos repletos. Pero sus cargas eran muy diferentes. Una de ellas llevaba cebada; la otra iba cargada de monedas de oro. La que llevaba el dinero iba muy orgullosa, con la cabeza levantada. Hasta se había colgado del cuello unos cascabeles de plata. Los cascabeles repiqueteaban alegremente. Su compañera la seguía, humilde y tranquila. De pronto, en una vuelta del camino, salieron unos ladrones que estaban escondidos en una cueva. Y se lanzaron sobre la primera mula, la golpearon y se apoderaron del oro que llevaba, Después desaparecieron por donde habían venido, sin molestarse en tocar siquiera a la mula que llevaba cebada. -¡Qué buena suerte tengo! - dijo la mula humilde-, porque a mi compañera, que debían tratarla muy bien, la paliza que le han dado. ¡Eso es cosa de mi buena suerte! Entre los títulos que acuden a la memoria: Pita descubre una nueva palabra (la del famoso palitroche); esta pequeña escalera sólo sirve para bajar (infinita, extrañamente recuerda a la de la tortuga que tarda cien años en subir y justo resbala al final); Dailan Kifki (de nuestra querida María Elena Walsh); la huerta de toronjil (canción popular, recuerdo de los días de ronda, juego casi extinto); dicen que así nació el cocodrilo (escrito por Armida de la Vara, uno de los escritos que mejor contribuyen a despertar la imaginación); la muñeca vestida de azul (canción popular); el rey Midas (primeros acercamientos hacia la mitología); Francisca y la muerte (de Jorge Ornelio Cardoso, representa casi una comedia, la muerte burlada por una mujer ocupada que no tiene tiempo ni para la muerte); la tonche (de Marcos Antonio Vergara, cuenta la historia, simple, de una gata muy coqueta, que se lame, juega y tiene gatitos cada seis meses); acitrón (canción popular, junto con los maderos de San Juan, sigue trasmitiéndose de generación en generación); El Principito (de Antonie de Saint Exúpery, pertenece a la literatura universal); Cucú, cantaba la rana (de Monserrat del Amo, canción mexicana por adopción, pero de origen español); ¡Ay, señora, mi vecina! (de Nicolás Guillén, con una gallina viuda como narradora, es uno de los poemas más coloridos, mezcla de dramatismo y comedia ); el casamiento del piojo y la pulga (canción popular mexicana, no tiene mayores explicaciones, excelente sucesión de eventos y personajes, lo mismo que el desenlace); el señor, el niño y el burro (cuento tradicional, expone el difícil arte de complacer a todos y a nadie a la vez); el maíz del tío conejo (cuento que narra la historia de un conejo muy astuto, que vende una cosecha virtual a diferentes personajes); dedos de luna (es una historia sobre la relación de un niño con su abuelo, la fabricación de máscaras y la terrible desgracia); el lagarto está llorando (de Federico García Lorca, canción hecha poema, narra la desventura de los reptiles al perder los anillos de desposados, la nota humorística la aportan los delantalitos blancos); la zorra y el cuervo (de Jean de la Fontaine, clásica fábula que muestra la falta de sinceridad como enseñanza); mi amigo Muk Kum (es una historia que remite, de cierta forma, al principito. En ella aparece un ser venusino, una niña, un papalote, un collar, una semilla y, para gran sorpresa, la flor de cristal con tallo azul); por la culpa de un clavo (expone la teoría del caos, todo un reino se pierde gracias a la falta de un clavo); caminito de la escuela (de nuestro amado Gabilondo Soler); el lobo y el perro (de Félix María de Samaniego); la tortuga y la hormiga (de J. J. Fernández de Lizardi, semejante a la fábula del saltamontes y la hormiga); un tapete de mentiritas (de Oscar Muñoz); y, para rematar, chimpete, champata (o el pícaro burlado, de Javier Villafañe, obra de teatro ambulante, plantea una situación de robo, enredo, burla y humor. Los personajes son narigón, galerita y el policía); algunas otras como: los seris, la vaca de humahuaca y escribe escribano. De nuestras raíces prehispánicas, dos poemas para archivar en un lugar seguro, lejos del olvido: Tláloc Por Efraín Huerta Sucede Que me canso De ser dios Sucede Que me canso De llover Sobre mojado Sucede Que aquí Nada sucede Sino la lluvia lluvia lluvia lluvia
Mi amigo el hombre Por Nezahualcóyotl Amo el canto del zenzontle pájaro de cuatrocientas voces amo el color del jade y el enervante perfume de las flores pero más amo a mi hermano el hombre
Texto: Silvia Magaña Nota: El presente escrito tiene como finalidad mantener viva la memoria. La presente recopilación y evocación de textos y autores corresponden a los textos gratuitos, del área de español, mexicanos. se agradecerá la puntualización ante cualquier inconsistencia, omisión o dato erróneo, que de manera inconsciente pudo expresarse.
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