 Sin duda alguna la cuestión de la identidad cultural es uno de los temas pendientes de este siglo, y una de las ideas centrales sobre las que girará el debate intelectual y político de este milenio. No es de ninguna manera una cuestión que se haya planteado por primera vez en esta época, sino que indudablemente ha constituido un fenómeno constatable a lo largo de los tiempos históricos. Todos los pueblos han conocido una etapa de expansión cultural, de difusión de sus modos de vida y valores, y todos los pueblos también han pretendido en todo momento mantener su peculiaridad, en sus formas, su contenido vital y cultural como garantía de supervivencia en la historia, cuestión además paralela- y no excluyente- a un proceso de simbiosis con otros contextos culturales.
Sin duda la pérdida de unos referentes culturales claros, de unos valores tradicionales, la sustitución de un comunitarismo social, por la idea de una sociedad de masa anónima, constituyen las notas esenciales que definen el momento actual en la perspectiva social y cultural. La pérdida de la identidad no se da por la venida de gentes de otros lugares sino por el olvido de una tradición propia. Ante todo la identidad colectiva no puede ser definida en términos de exclusión o marginación del otro, sino de reencuentro con uno mismo. De igual manera no puede ser entendida como algo inmutable, invariable, que resiste todos los cambios, sino como un contenido vivo que se renueva constantemente, aceptando y enriqueciéndose con el entorno, pero a la vez manteniendo su peculiaridad. Es una circunstancia perfectamente histórica que se evidencia en el contacto entre los pueblos y la perduración de la idiosincracia. En efecto, todo cambio cultural sería- o debería ser- no la pérdida de una tradición originaria como conjunto de costumbres, leyes o visión del mundo, sino la adecuación de una manera de ser a un determinado momento histórico. Es por ello que el concepto de identidad englobaría estabilidad y dinamismo a la vez. Todo proceso de cambio parte del núcleo mismo de toda cultura como un reflejo adaptativo. El arraigo por tanto supone el proceso de aprehensión y transmisión constante de los contenidos vivenciales que hacen que un pueblo, nación o etnia se definan como una entidad diferenciada. Y ese arraigo se presenta tanto con más fuerza, cuanto que se quiere revalorizar o recuperar esa identidad. El movimiento NyC (Nacidos y Criados), se funda en la necesidad de buscar la identidad de nuestra querida ciudad, en donde cada persona que participe podrá moverse libremente, sin importar sus pensamientos políticos o religiosos. En lo único en que todos deberán agruparse y ponerse de acuerdo es en el bienestar de Villa Carlos Paz, tendiendo a fortalecer su identidad. En eso, no debe haber discusión posible, y para ello se organizan distintos eventos para fomentar el encuentro (o reencuentro) de sus pobladores. Esperamos aportar, humildemente, un granito de arena para que este bello sueño se cumpla; porque como dijo Miguel Roca I. Junyent "sólo las utopías han hecho avanzar a la humanidad; sigamos entonces en ese camino" Ernesto Yndio Montesinos Fundador del Movimiento de Identidad NyC Villa Carlos Paz
Sitio web de NyC Villa Carlos Paz Aquí
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